Por Bernardo Prieto
Poco duró la tranquilidad de los colombianos después de las elecciones. inclusive ingenuamente se creyó que el país entraría en una etapa de transición institucional. Petro anunció que organizaría el empalme y que se prepararía para su retiro del Gobierno. Sin embargo, esa disposición duró muy poco. A los pocos días se reunió en el Palacio de Nariño con Iván Cepeda y, al día siguiente, viajó a Roma para reunirse con el Papa.
Todo apunta a que, durante esa conversación, afloraron las preocupaciones de Petro ante la posibilidad de ser investigado, condenado y eventualmente extraditado a los Estados Unidos. Mientras tanto, Iván Cepeda se declaró en “desobediencia civil” hasta tanto Abelardo de la Espriella no renuncie a su ciudadanía estadounidense, aclare sus vínculos con agencias de seguridad extranjeras y cese la persecución política contra el presidente y su eventual extradición. Exigencias que depende de decisiones judiciales y no de acuerdos políticos.
Cepeda resultó, así no llegara a la Presidencia, el candidato ideal para Petro: disciplinado y obediente. No concedió entrevistas, evitó participar en debates y apareció únicamente en las tarimas organizadas por la Presidencia. Confió, aclarando que no tenía otra alternativa- el éxito de su campaña del respaldo presidencial. Ahora se convirtió en su principal escudero.
Otra de las preocupaciones de Petro parece ser salir de la llamada «Lista Clinton». Tanto es así que, desde Roma, llamó a Trump para solicitarle que lo desvinculara de ella. Todo indica que Trump se hizo el desentendido. Con Abelardo de la Espriella en la Presidencia y Petro en la oposición, es muy poco probable que lo consiga.
Al regresar de Italia, el presidente cambió completamente de actitud. Basado en unas declaraciones de un integrante del equipo de empalme de Abelardo de la Espriella —viejo enemigo declarado de Petro—, desconoció el resultado electoral e insistió nuevamente en la teoría del fraude y de la manipulación de los algoritmos. Incluso, afirmó que el verdadero ganador había sido Iván Cepeda. Además, propuso repetir los comicios y anunció que los resultados serían demandados ante el Consejo de Estado.
Así entramos en el escenario que se preveía tras la derrota del candidato del presidente: un Petro delirante, denunciando un fraude inexistente. Afortunadamente, el país no se ha «incendiado», como muchos pronosticaban. Además, con el grado de confrontación que alcanzó la campaña, era claro que un saludo protocolario en la Casa de Nariño entre Petro y Abelardo no se iba a dar, ni tampoco reuniones de empalme. Al menos, Petro dejó claro que no pretende permanecer en el poder después del 6 de agosto.
