«Los premios de Manizales: mucha espuma, poco contenido. Estamos llenos de contradicciones entre el deber ser y el ser» Luis Fernando Acebedo

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«Los premios de Manizales: mucha espuma, poco contenido. Estamos llenos de contradicciones entre el deber ser y el ser» Luis Fernando Acebedo

El docente Luis Fernando Acebedo en Diálogos en BC Noticias advierte que los recientes galardones de la ciudad responden más a estrategias de competitividad global promovidas por la OCDE, ONU Hábitat y la banca multilateral que a logros reales de gestión.


Marketing urbano versus realidad ciudadana

Profesor, usted lo titula «Los premios de Manizales, mucha espuma, poco contenido». ¿Por qué?

Sí, es un título provocador, pero tiene mucho sentido. Estos premios que han sido muy profusos en los últimos días—la ciudad ha venido ganando premios y premios y parece ser que está en el top de las ciudades colombianas, incluso a veces latinoamericanas—, pero realmente todos estos premios tienen un origen muy particular que tiene que ver con los temas del marketing urbano.

Una manera que tienen las ciudades, sobre todo las que están metidas en todo el discurso de la competitividad, de los mercados que se venden ante el mundo y que buscan atraer capitales extranjeros fundamentalmente.

¿Quiénes están detrás?

Si uno mira todos los premios que se han estado desarrollando, tienen más o menos una misma matriz. Ahí está la OCDE, que es ese gran organismo comercial global que le dice a los países y a las ciudades que están metidos en el mundo de la competitividad de los mercados qué es lo que tienen que hacer para ser mejores y para ser reconocidos.

Y están también ONU Hábitat, Banco Mundial, Banco Interamericano de Desarrollo. Son todos organismos que hoy en día están promoviendo básicamente un proceso de urbanización acelerada que no significa necesariamente construir ciudades como se hacía en el pasado, sino básicamente expandir suelo urbano.

El Banco Interamericano de Desarrollo y el Banco Mundial están muy interesados en participar de ese mercado, sobre todo en el mercado de la vivienda porque ha crecido bastante, porque el precio de las viviendas en Colombia ha aumentado mucho y consideran que es un buen negocio para endeudar a los municipios.


Contradicciones entre los premios y la realidad

El adanismo político año tras año: cada alcalde tiene su logro y dice que él lo hizo, pero realmente hay logros de ciudad que hacen parte de lo privado, lo público, lo social. ¿Esto ha afectado el tejido social y la confianza ciudadana?

Yo creo que sí, porque hay cosas que parecen incluso risibles. Que a Manizales la premien, por ejemplo, por ser una ciudad donde se promueve la participación ciudadana es por lo menos risible en el sentido de que precisamente los mayores conflictos que hemos tenido con esta administración, especialmente, es la negativa persistente en crear esos mecanismos de participación ciudadana, de diálogo ciudadano.

Este es un alcalde que no dialoga, es un alcalde que básicamente socializa, socializa sus propias decisiones.

¿Y el tema ambiental?

Incluso también cuestiono mucho la idea de que estamos protegiendo el medio ambiente, cuando yo creo que lo que estamos es avanzando en un proceso de destrucción permanente del ambiente que está poniendo en riesgo el agua para todos, básicamente por la presión de los procesos de urbanización sobre nuestros ecosistemas.

Así sucesivamente uno dice: «Como que no me cuadran estos indicadores.» Son indicadores creados por instancias muy propias de la competitividad de los mercados y muy enfocados hacia la venta de la ciudad, pero los manizaleños y manizaleñas tenemos otras percepciones cotidianas.

El tema de la seguridad…

Mire el tema de la seguridad, por ejemplo, cómo se nos ha deteriorado últimamente. Estamos viendo atracos espectaculares, estamos viendo riñas callejeras cada vez más intensas, robos, y resulta que no, que somos modelo de seguridad.

Entonces, yo no le creo mucho a esos indicadores realmente. He dicho que deberíamos tener, ojalá las universidades, por ejemplo, con un cierto mayor nivel de independencia, unos indicadores más realistas que nos permitan no darnos duro ni tampoco pasar hacia el éxtasis, sino unos indicadores que nos permitan realmente proponernos objetivos colectivos reales de mediano y largo plazo que nos entusiasmen a todos.


Los riesgos del marketing de ciudad

Ese sello de Manizales más segura puede atraer delincuentes que se escondan acá. Adicional, la mejor calidad de vida puede hacer que lleguen extranjeros, se incremente el costo de vida, se presente la gentrificación. ¿Cómo lo está viendo usted como académico?

Yo, por ejemplo, digo: bueno, si el premio ONU Hábitat tiene como cualidad fundamental destacar la calidad de vida de las ciudades intermedias, ¿por qué ONU Hábitat está promoviendo la expansión metropolitana de suelo urbano que daña la calidad de vida, que nos va a afectar en términos de la calidad ambiental de nuestro territorio, que va a afectar el acceso al agua?

Ahí yo veo una enorme contradicción porque justamente las ciudades intermedias tienen unas cualidades especiales que son todo lo contrario a lo que hoy en día están trabajando.

¿Qué necesita la ciudad?

Estamos vendiendo unas cualidades especiales pero a la vez podríamos estar generando las condiciones para acabar con esas condiciones especiales. Entonces, ¿cómo la ciudad se prepara para lograr manejar esas situaciones y encontrar una serie de políticas que permitan que todos podamos convivir en un territorio amable, en un territorio que siga presentando esas condiciones y calidades de vida?

O si no sucede como en Medellín, que se promueve la ciudad ante el mundo y resulta que lo que está llegando en términos concretos son unos extranjeros que están promocionando estilos de vida y comportamientos inadecuados: trata de blancas, niñas, narcotráfico, lavado de dólares.

¿Y en materia de conocimiento?

Uno dice: «El valor del conocimiento», por ejemplo, ese es un valor importante de nuestra ciudad. Pues bueno, entonces, ¿cómo nos preparamos para ello? Pero la ciudad, por ejemplo, no está preparada para establecer ese tipo de relaciones globales en el mundo del conocimiento.

A veces incluso traer un académico de otro país resulta bastante complejo en muchos aspectos logísticos justamente porque no estamos preparados. No estamos preparados, por ejemplo, para que lleguen jóvenes estudiantes de otras partes del mundo y que la ciudad pueda tener unas residencias universitarias para lograr que esos jóvenes puedan venir con calidad de vida.


El caso del macroproyecto San José

Por último, usted publicó un artículo después de conocerse que la alcaldía piensa reactivar el macroproyecto San José. El desarrollo que se está teniendo actualmente en la ciudad, ¿responde a las necesidades que tenemos?

Estamos llenos de contradicciones entre el deber ser y el ser. Esta es una ciudad que está teniendo enormes dificultades para resolver la temática de la vivienda. Yo creo que hoy en día ese es uno de los grandes retos y problemáticas que tenemos.

La ciudad está creciendo, cada quien resolviendo sus asuntos, y el alcalde cuando está anunciando la reactivación del macroproyecto San José nos está dando la razón porque los mecanismos que está empleando supuestamente para entregar vivienda social es justamente un mecanismo que le permite a los privados apropiarse de toda la plusvalía urbana.

¿Cómo funciona eso?

En este artículo yo he estado demostrando cómo en San José hay un proceso de generación de plusvalía todos los días, porque en la medida en que el municipio invierte recursos en temas como el espacio público, en infraestructura, en vías, valoriza enormemente toda la infraestructura aledaña y hace más difícil incluso que puedan llegar inversionistas privados porque los precios del suelo están aumentando.

La alternativa es: el municipio invierte una cantidad de recursos en lo que nosotros llamamos cargas urbanísticas—que son el espacio público, las infraestructuras—que deberían pagar los privados cuando vienen a invertir en un proyecto inmobiliario.

¿Qué implica esto?

El municipio es el que contribuye a elevar los precios del suelo, hace inviable los precios del suelo y luego termina diciendo, como lo está diciendo ahora, que prácticamente va a regalar el suelo a condición de que el privado le entregue unas viviendas.

Cuando en realidad el desarrollo de esos proyectos inmobiliarios, como se hace en cualquier parte del mundo, podría contribuir enormemente a que el municipio tenga la posibilidad de capturar parte de la plusvalía urbana e invertirla en los más necesitados.

¿Hay alternativas?

Yo hago un cálculo preliminar, por ejemplo, que la unidad de actuación B, que es una de las que el alcalde quiere donarle a los privados, podría estar generando recursos para atender a 4.300 familias, entregando para mejoramiento integral de barrios un promedio de 10 millones de pesos a cada uno.

La gestión urbana tiene que ser distinta. Esta es una administración que quiere crearle todo el beneficio al privado, pero en contra de la calidad de vida de los ciudadanos comunes y corrientes. Eso está generando unas brechas de inequidad social en todo sentido muy altas.

Hay otras maneras democráticas de gestionar la ciudad, de que la ciudad tenga recursos, para que los privados ganen, pero adicionalmente para que el municipio pueda hacer justicia espacial y social, que es lo que no está haciendo.

Nos está dejando a la ciudadanía en medio de unos conflictos cada vez mayores porque el alcalde le está entregando toda la riqueza a los privados y eso no puede seguir así, porque vamos a terminar en unas condiciones bastante dramáticas de inequidades en nuestra ciudad.

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