Entrevista en Diálogos BC Noticias con José Manuel Varela, propietario de establecimiento de entretenimiento nocturno sobre si Manizales es una ciudad ruidosa
¿Cómo viene trabajando la ciudad de la noche para que la rumba no sea tan ruidosa?
Lamentablemente eso es una iniciativa muy personal de cada propietario y creo que justamente ahí radica el problema. Si Manizales es una ciudad ruidosa, sí, evidentemente lo es. Pero hay mucho que decir al respecto y no solamente es por la actividad de entretenimiento nocturno. Manizales es una ciudad ruidosa por múltiples motivos y es algo que, por estar concentrados en un solo actor y estar concentrados en ese actor solamente a través de la estrategia de la sanción, nos estamos equivocando.
¿Qué debería hacer la administración más allá de centrarse en la rumba?
Primero, hay que asumir las responsabilidades cada uno. Yo como propietario no soy técnico de audio, pero con los años uno alguna cosa aprende. Uno muchas veces visita negocios y dice «Si este señor tuviera otros dos parlantes allí, podría estar haciendo menos bulla o los que tiene no son los correctos para su espacio, o con que se comprara un procesador podría mejorar esto». Los tiene mal direccionados, mil cosas alrededor de eso. Esta es una actividad que a nadie le enseñan a ser propietario de un bar. Esto casi todos lo aprendemos empíricamente. Entonces yo siempre he propuesto que a través de una campaña con la administración se puedan visitar con un técnico de audio para hacer recomendaciones establecimiento por establecimiento. Y que con base en esas, no con el fin de sancionar, con el fin de recomendar por una persona amiga que le diga «Usted podría mitigar su impacto de esa manera». Y ya si el establecimiento no cumple con esa recomendación, ya ir a la estrategia sancionatoria.
¿Qué diferencia hacen las recomendaciones técnicas?
Le aseguro que si el agente le dicen «Insonorizar le vale 200 millones de pesos», no lo hace. Pero si le dicen «Mover este parlante para allá, quitar esto de acá, colocar acá un vidrio, comprar unas tapas de bajos», todas prevenciones relativamente económicas, le aseguro que la gente cumple. Mi mamá fue funcionaria pública durante más de 28 años en la alcaldía de Manizales y una gran enseñanza que ella me dejó es que al ciudadano siempre hay que irlo acercando un poco a la legalidad. Si este año no es capaz de cumplir con todo, intentar que cumpla con algo y para el próximo año exigirle más. Le aseguro que la gran mayoría de propietarios que como yo tenemos nuestro negocio, lo amamos, queremos que dure décadas, también queremos llevarnos bien con nuestros vecinos. En ese orden de ideas estamos siempre dispuestos a colaborar.
¿Todos los propietarios son iguales?
En este sector siempre he dicho que hay un poco de todo. Hay personas que son comerciantes honestos, legítimos, que quieren tener negocios bonitos, que aporten a su comunidad y hay especuladores. Hay gente que llega y un día tiene un bar y el otro día tiene una compraventa y mañana tiene una finca. Esos son los que muchas veces generan ese impacto. Pero, por ejemplo, iniciativas como haber creado la gerencia de la noche ayudan a depurar el mercado en ese sentido, porque la gerencia sí tiene muy claro quién es quién en el sector.
¿Cuánto tiempo lleva Manizales con este problema?
Yo hablo por mi establecimiento. Nosotros tenemos 23 años y 23 años la ciudad ha peleado con el asunto del ruido. Y con la misma estrategia. Por eso es que yo digo que tenemos que pensarnos las cosas distintas. Sancionemos, sancionemos, sancionemos y a la final nada mejora realmente. Entiendo que uno de los estudios que hizo recientemente Corpocaldas daba la conclusión que, por ejemplo, en el sector de Milán el mayor generador de ruido son las fuentes móviles, o sea, peatones y vehículos. Ahí es donde nos podemos empezar a pensar estrategias distintas. ¿Por qué no probamos un fin de semana con sonómetros en mano que desde la entrada del Alto del Perro hasta el Romboi de Milán solamente puedan entrar los carros de los propietarios, servicio público y movilidad eléctrica o híbrida? Y vemos qué impacto tiene y vemos cómo podemos empezar a mitigar por ese lado.
¿Qué otras zonas le preocupan?
El centro es especialmente ruidoso. Yo creo que el punto más ruidoso de Manizales debe ser la Carrera 22 con Calle 22, sin duda alguna. Y ahí es donde nos tenemos que empezar a imaginar otros escenarios. Por ejemplo, ¿qué tal si la Carrera 22 centro pudiera ser un corredor para movilidad eléctrica, híbrida y servicio público? ¿Qué tanto podríamos mitigar el impacto sobre los ciudadanos? Lo podemos ensayar durante una semana a ver cómo nos funciona, a ver qué impacto tiene. No funcionó, ensayemos otra cosa. Otra cosa: las chivas. ¿Cómo así que uno puede tener un bar que anda a 20 por hora con parlantes por toda la ciudad?
¿Qué hace especial a los sectores mixtos de Manizales?
Lo que realmente hace que Manizales sea el mejor vivero de Latinoamérica es que la ciudad es densa y es diversa en sus usos. Si usted me preguntara, para mí, ¿cuál es el mejor sector para vivir de la ciudad? Es Cristo Rey. ¿Por qué? Porque si yo necesito una carnicería, si necesito una frutería, si necesito ir a la iglesia, si necesito un bar, si necesito una farmacia, todo lo tengo en cuestión de dos cuadras, caminando desde mi casa. Si usted vive en ese sector, no necesita tener carro, tiene acceso a todos los medios de transporte de la ciudad con facilidad. Ese sector tiene de todo: comercios, viviendas, incluso pequeños talleres. Ese sector nos demuestra que vivir en un sector así puede ser un poquito ruidoso, pero da calidad de vida en muchas otras cosas. Da tiempo en familia, da calidad de no tener que desplazarse por tanto tiempo, da ahorros en no tener que usar transporte público. Muchas veces nuestros ciudadanos creen que el hecho de que el comercio llegue a nuestro barrio es inherentemente malo y para nada. El hecho de que el comercio llegue a nuestro barrio debería ser un motivo de alegría porque nos pone las cosas más cerca, pero obviamente hay que meterle control.
¿Cómo lograr empatía entre ciudadanos y empresarios?
El camino siempre es la empatía. Uno siempre tiene que de verdad tratar de ponerse en el lugar del otro. Nosotros también convivimos con un edificio que por fortuna ellos mismos son los que nos llaman y nos dicen «José, está un poquito duro» y nosotros le controlamos. Y ahora que hablamos de la gerencia de la noche, les permite tener una persona que intermedie con el que realmente le está generando el perjuicio y que juntos se encuentren en una solución. Una solución que no necesariamente vaya por «el bar se tiene que ir o el vecino se tiene que ir».
Reflexión final: ¿qué camino nos queda como ciudad?
Primero que nos identifiquemos como ciudad, cuál es nuestra vocación hacia el futuro y cómo la economía de todos está interrelacionada. Yo estoy seguro que Manizales va a ser un gran destino para el turismo en el futuro y sobre todo para el turismo de personas mayores. Porque nosotros estamos en capacidad de ofrecer, por ejemplo, lo mismo que Medellín, pero sin los problemas que le ofrece Medellín a la gente. En este momento nosotros tenemos incluso sobreoferta cultural. La cantidad de teatro, exhibiciones artísticas, música en vivo que hay en la ciudad es maravillosa y es impresionante para una ciudad de este tamaño. Miles de manizaleños viven de esa industria del entretenimiento: los músicos que tocan cada 8 días en los bares, pero que también tocan en bodas, en eventos corporativos, la gente de producción que también está detrás de una gran industria de tecnología. Gracias a eso tenemos una industria de bodas maravillosa, gigantesca que genera muchísimos recursos para la ciudad.
¿Qué soluciones adicionales propone?
Tenemos que pensar en la infraestructura, por ejemplo, los árboles. No hay nada que mitigue más que los árboles. Nada. La Calle 63 la acaban de arreglar, no le pusieron un árbol. ¿Cuántos de los que faltan sobre la Avenida Santander ya podríamos haber repuesto? Sobre la Calle 65 tenemos unos cables que no deberían estar ahí hace 20 años porque eso es un boulevard, esos cables deberían estar soterrados. Esos cables no han permitido que árboles que tienen 15 años estuvieran más altos y mitigaran más el impacto de vehículos y establecimientos sobre los vecinos. No todas las soluciones van por «tenemos que cerrar el bar, tenemos que cerrar la discoteca». A veces va por «¿Por qué no dejamos que los árboles que nos hacen barrera crezcan?»








