Opinión

Sigue aumentando el suicidio ¿no hay otra salida?

Por: Juano Jurado

Aunque la pandemia indudablemente nos ha empujado hacia un aumento de reportes de suicidios e intentos de suicidios en Colombia durante los últimos años, no podemos ignorar que el nivel de estos reportes ha estado aumentando constantemente desde hace aproximadamente dos décadas. En consecuencia, los colombianos no se están suicidando únicamente por algunas condiciones pospandémicas que cambiaron nuestras dinámicas de vida, los colombianos tenemos demasiados motivos para vivir con ilusión y morir en la desesperanza.

Acorde con los postulados de la Organización Panamericana de la Salud (2019), “hoy en día, la salud se entiende como un fenómeno multidimensional que comprende al individuo en interacción con su contexto sociocultural y ambiental” (pág. 77), y “está intrínsecamente relacionada con otras dimensiones de bienestar, como el acceso a la vivienda y a los servicios básicos, a la educación, al trabajo decente, a la protección social y a la participación política, entre otros” (pág. 80). Colombia, en el marco de la Ley 1438 de 2011, considera “que es necesario generar un espacio para la coordinación de acciones encaminadas a intervenir los determinantes en salud que incluya la participación de diferentes entidades, instituciones y sectores del país, así como las diferentes Comisiones Intersectoriales relacionadas con salud pública” (Ministerio de Salud y Protección Social, 2014).

A nivel mundial, entre las problemáticas en salud pública se destaca el suicidio, en el entendido que cada uno de ellos es una tragedia que tiene múltiples repercusiones (Organización Panamericana de la Salud, 2014), y considerando que más de 700.000 personas pierden la vida por suicidio cada año, las personas de todos los orígenes socioeconómicos se ven afectadas, y la mayoría de las muertes por suicidio (77%) ocurren en países de ingresos bajos y medianos (Organización Panamericana de la Salud, 2021).

El suicidio, acorde con lo expresado en la Política Nacional de Salud Mental (Ministerio de Salud y Protección Social, 2018), es un evento prevenible y de gran impacto en el individuo, la familia y la sociedad, lo que lo hace un tema de gran relevancia en salud pública para Colombia. Esta Política reconoce que “el suicidio es todo caso de muerte que resulte, directa o indirectamente, de un acto, positivo o negativo, realizado por la víctima misma, a sabiendas del resultado”, es decir, sabiendo que va a morir.

En Colombia, las tasas de suicidio más altas se encuentran en las principales ciudades capitales como: Bogotá, Medellín, Cali, y otras ciudades intermedias como Manizales, Pereira y Armenia, justamente las ciudades capitales del eje cafetero. Sorprende que también en departamentos del sur del país como Amazonas, Vaupés; al oriente Guainía; incluso Arauca al centro Oriente, se encuentren tasas de suicidio altas.

Precisamente siguiendo los lineamientos de la política pública de salud mental en Colombia, entidades como Medicina Legal, el DANE y otras corporaciones no gubernamentales, se han encargado de entregarnos datos contundentes frente al impacto del suicidio en Colombia y su necesaria atención real somo problema de salud pública.

Por ejemplo, comprender que en promedio el aumento del suicidio en Colombia durante las dos últimas décadas ha sido aproximadamente del 44%, que las personas que más se suicidan en el país son los hombres, duplicando y hasta cuadriplicando en cifras a las mujeres. Entender que lamentablemente los estudios arrojan que las personas que más se suicidan están en los rangos de edad entre los 15 y 25 años, con una formación académica que rodea la terminación de estudios de bachillerato y el comienzo de vidas educativas en instituciones técnicas, tecnológicas o universitarias.

Además, dentro de las principales causas personales, sociales, económicas o familiares que llevan a una persona a tomar la decisión de suicidarse, ordenadas de la más repetitiva a la menos frecuente: los problemas dentro de la vida educativa o académica, la violencia física o psicológica, muerte de un familiar o amigo, conflictos de parejas, suicidios de la misma familia o de amigos, el padecimiento de enfermedades, los problemas económicos, los problemas laborales, y aunque no sea conocido por muchos, los problemas jurídicos.

Sumado a lo anterior, según los estudios, también se debe tener en cuenta cuales son los medios por los cuales una persona termina por quitarse la vida, y en este punto sí que podremos encontrar resultados no esperados. La siguiente lista se hace en orden de frecuencia hasta llegar al menos periódico de los medios: intoxicaciones, heridas cortopunzantes, ahorcamiento, lanzamiento al vacío, lanzamiento a vehículos, arma de fuego, lanzamiento a cuerpos de agua e inmolaciones.

Aunque hasta este punto solo he intentado entregar datos normativos y estadísticos sobre el suicidio, la finalidad de esta indagación fue poder contrastar lo que promete la política pública, lo que sucede en la realidad y lo que finalmente están haciendo los gobiernas nacionales, departamentales y locales para contrarrestar el problema del suicidio.

Esta es una evaluación que debemos realizar todos de manera permanente, porque todos hemos tenido una persona cercana que ha muerto por suicidio, o ha intentado ocasionarse daño buscando la muerte a mano propia. En ocasiones no son familiares sino amigos, vecinos, compañeros de trabajo o de estudio, y lo más probable, es que nunca nos hayamos dado cuenta de que esta persona estaba sufriendo de algún problema que requería acompañamiento y terminamos empujándolo al abismo.

Por eso me río constantemente de los esfuerzos del gobierno para evitar suicidios, cuando hacen cerramientos de puentes, viaductos o imponen vigilancia en sectores para que la gente no se suicide. ¿quieren que la gente no se suicide, o quieren que no se suicide en público? Ya vimos que los estudios muestran que la mayoría de suicidios ni siquiera se dan en espacios públicos, la mayoría se dan en la soledad y en la intimidad de los hogares, minutos después de haber soltado una carcajada o segundos después de haber transformado la risa en lágrima.

Entonces creamos líneas telefónicas de atención por si de pronto tiene la intención de suicidarse o sabe quién lo va hacer. Una línea que atiende el gobierno, es una buena iniciativa desde el símbolo que ellos representa, pero en efectividad… ¿Cuántas personas llamarían al gobierno a pedirle ayuda?, ¿tenemos la confianza suficiente en el Estado para poner en sus manos decisiones alrededor de la vida y la muerte?

No estamos preparados, ni el Estado, ni las personas, ni las empresas. Todo esfuerzo será valioso, pero siempre insuficiente. Son decisiones demasiado internas para controlarlas, no sabemos identificar quién está pensando en suicidarse, satanizamos personas por ciertos comportamientos que no son suicidas, pero los asociamos a ello.

Lo realmente interesante sería cambiar ciertas dinámicas de vida, pero el sistema no nos permite hacerlo, y al parecer nosotros tampoco estamos dispuestos a salirnos de él; la dictadura del tiempo no nos permite parar, la dictadura del éxito no nos permite fracasar, la dictadura social no nos permite la soledad, la dictadura del trabajo no nos permite descansar, la dictadura de lo bueno no nos permite fallar. Y salimos de una dictadura para entrar en otra, pero el dictador y el sometido comparten la misma cara.

BC Noticias

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