Opinión

Precariedad laboral

Por Alejandro Barrera

Posiblemente en la historia económica, política y social de la humanidad uno de las obras clásicas de mayor influencia en los sistemas de pensamiento fue El Capital de Karl Marx, sociólogo alemán que hizo una crítica al capitalismo de la época inspirado en la filosofía de Hegel y Feuerbach, el pensamiento socialista utópico francés e inglés y la doctrina económica del valor trabajo de los clásicos. Uno de los principales postulados de Marx fue la explotación laboral como mecanismo del capitalista para extraer el valor de la producción generada por el trabajo, lo cual, generaba tensiones en el sistema y era una de las claves para entender la lucha de clases.

Su pensamiento provocó una revolución intelectual, desatando un impresionante movimiento social de los trabajadores, que gradualmente resultó en el siglo XX y XXI en un avance sustancial de reconocimiento de sus derechos, la libertad sindical y la negociación colectiva entre trabajador y empleador, representando unos de los puntos más relevantes de la fortaleza democrática en el mercado del trabajo. En las últimas tres décadas, el marco conceptual evolucionó hacia una agenda mundial alrededor del trabajo decente, bajo 4 pilares defendidos por la Organización Internacional del Trabajo, a partir de los cuales se han promovido nuevas regulaciones en el mercado de trabajo, seguramente bien intencionadas, pero con un discurso constante desde la precariedad laboral y desafortunadamente sin renunciar al estilo comunicativo de ataque al sector privado característico del Marx del siglo XIX.

El enorme obstáculo de esta posición es establecer un supuesto universal de mala intención del empresario y reducir los problemas laborales al cumplimiento de leyes, sin entender las fuerzas endógenas del funcionamiento de este mercado. En este sentido, se olvida el primer pilar del trabajo decente que es crear empleos e ingresos productivos, lo cual, implica centrar la atención en las capacidades de oferta y demanda de producir riqueza, donde ambas se retroalimentan de manera dinámica. En la oferta, los conocimientos, competencias, habilidades y salud de la fuerza de trabajo, es decir el capital humano, se relaciona con la especialización y un mayor rendimiento individual que a nivel de empresa genera más valor agregado, y, por ende, mejor remuneración. En la demanda, la escalabilidad de las empresas está asociada a más capacidad de penetración de mercados, robustez en procesos organizacionales y un mayor volumen para producir y distribuir riqueza.

Desde ambas fuerzas, estadísticamente se evidencia que, a mayor capital humano y tamaño de las empresas, las condiciones de empleabilidad y formalidad laboral de los ocupados son más favorables, en términos contractuales, derechos laborales, protección social y remuneración, lo que significa que estas dos fuerzas del mercado del trabajo son los verdaderos mecanismos de movimiento social y laboral, y que desde el trabajo decente representan el objetivo final. Si reflexionamos desde este punto, la culpa de la precariedad laboral estaría en los sistemas de educación, los programas de bienestar social y en salud desde edad temprana de las personas y las políticas de fortalecimiento y desarrollo empresarial y promoción de la competencia, todas en el ámbito de acción del sector público.

Lo más curioso es que los abanderados de la lucha laboral en Colombia son generalmente trabajadores del sector público que omiten esta evidencia empírica, tienen mayores beneficios laborales comparativamente con el resto de los ocupados del país, y continúan viendo enemigos en el sector privado. Ustedes ¿qué creen? ¿de quién es la culpa de la precariedad laboral?

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