Opinión

¡Por favor no abandonen la mesa!

Por Diego Armando Cárdenas Rendón

Es lamentable la muerte de los jóvenes soldados y un hecho que quedará grabado en la memoria de los colombianos. Otra tragedia más que se suma a la larga lista y unas vidas menos lloradas por familias el resto de la vida.

El atentado a uniformados del Ejército Nacional en Norte de Santander pone a tambalear los diálogos con el ELN y no es para menos; un ataque de ese calibre debe condenarse independientemente a la facción que lo cometa. Pero también es una prueba de fuego a superar en próximos días, sino, se perdería todo el terreno abonado a la paz hasta la fecha.

No pretendo que la agresión quede impune desde ahora, como tampoco buscar una justificación. Pero si en este momento se levanta la mesa, se habrá perdido una gran oportunidad de hacer las paces con el grupo insurgente del ELN; de acabar con la guerra en el país y de ofrecerle a las nuevas generaciones la paz que se merecen y que hemos estado buscando los colombianos por años.

Precisamente, acontecimientos como el ocurrido esta semana son los que se tienen que dejar atrás y deben impulsar hacia esa paz anhelada, de lo contrario, Colombia cargará el karma de la guerra el resto de la historia.

Los diálogos políticos son difíciles y más en un país al que le corre la violencia por las venas y le cuesta vivir pacíficamente, un país en el que incluso, se han seguido llevando diálogos en medio de las balas y la mesa con el ELN no es la excepción. Este es apenas uno de los tantos obstáculos que enfrentará este proceso no solo por parte de la guerrilla, seguramente el Estado cometerá errores de la misma magnitud y si lo dudan recuerden el exterminio a los miembros de la UP o miren las cifras de desmovilizados de las FARC asesinados luego de la firma del acuerdo.

Para evitar todo esto, es primordial llegar a un cese al fuego, pero el camino a recorrer es largo y tanto el Estado como la guerrilla del ELN tendrán que asumir compromisos, tarea nada fácil. La negociación se acaba de instalar y escasamente se está trabajando en la hoja de ruta. Si, queremos que la guerra termine ya, que los jóvenes estén donde tienen que estar; con sus familias, en la Universidad o un empleo digno y no que tomen la decisión de cargar un fusil o que se vean en la obligación a hacerlo ante la falta de oportunidades; pero logarlo implica una serie de acciones, obligaciones y sacrificios que se conocerán en el futuro de los diálogos.

BC Noticias

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