Opinión: El desarme de las Farc me valió huevo

Opiniones de Chucho

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Un país con menos violencia, cifras de secuestro reducidas, sin voladura de oleoductos y torres de energía, sin siembra de minas antipersona, sin tomas violentas de municipios, entre otras miles de atrocidades… era el país ideal de millones de colombianos hace unos años.

Hoy gracias al proceso de paz esto ha sido posible, sin embargo no alegra a millones de colombianos. La dejación del 100% de las armas, según lo informó la ONU  no fue motivo de celebración, patriotismo o júbilo en este territorio, como sí lo fueron años atrás noticias como las muertes de líderes de los Farc  Alfonso Cano, Raúl Reyes, entre otros.

Los desplazamientos, las desapariciones forzadas, los fusilamientos de seres queridos, el envenenamiento de redes del acueducto ( podría seguir escribiendo párrafos de esos malditos hechos) son los que le robaron la confianza al colombiano promedio y lo contaminaron de una sed de venganza y triunfo para sentirse tranquilo, aunque no sirva para borrar las macabras escenas en que se derramó la sangre de miles de compatriotas.

El no ver fotografías ni videos de los guerrilleros sometidos entregando sus armas, no da confianza en el proceso de paz. No está esa imagen de triunfo para los colombianos de bien y de derrota para los bandidos.

No hay confianza en este proceso de paz porque quién lo lidera es el presidente Juan Manuel Santos, un mandatario que tiene sus cifras de aceptación por el piso, que se ha ganado un rechazo generalizado por la frase nefasta  “ese tal paro agrario no existe”, los continuos incumplimientos que diferentes sectores han denunciado en sus negociaciones. Para la muerta de un botón están los inconformes camioneros, lecheros, ganaderos, agricultores en general, docentes, etc etc etc.

Lo dice un aparte de una publicación de la BBC. “Santos no es Mandela”.

Tampoco le da confianza a los colombianos ver como a los parlamentarios, sus jugosos sueldos aumentan en cifras que se convierten en exorbitantes al compararlas con las miserables migajas que aumenta el salario mínimo.  Más de 3 millones a los congresistas y menos de 50 mil pesos para el proletario.  Algo así cercano al 10% para los senadores y representantes a la cámara y escasamente el 7% para el colombiano de a pie.

No se me puede olvidar que el Caguán, la burla enorme de las Farc al presidente Andrés Pastrana Arango devastó las ilusiones de los colombianos de ver una salida pacífica al conflicto. Cómo olvidar que en esa época Las Farc se fortalecieron a tal nivel que la zona de despeje era una metrópoli en poder de la guerrilla que causó daños ambientales irreversibles y que tomaron un poder en el que no hubo un solo colombiano que no les temiera. Hacían lo que querían con el país.

Hablando con familiares que tienen bajos niveles de estudio, con habitantes de barrios de bajos estrato social, con campesinos, con víctimas del conflicto armado que incluso están retornando a sus tierras me encuentro que todos recuperaron la confianza y la ilusión de un fin al conflicto con la Seguridad Democrática.

Esa política guerrerista que incrementó por las nubes las cifras de muertes por el conflicto contradictoriamente siguen siendo la única fórmula que los colombianos en su mayoría le reconocen a algún gobierno. En este caso a Álvaro Uribe Vélez. Dicen ellos frases como esta “Desde que el Ejército llegó a estas zonas hay más seguridad y tranquilidad. No se ven esos chulos y uno ya puede salir tranquilo al pueblo a mercar. Ya no hay minas ni hay nadie pidiendo vacunas”.

Pareciera que el haber diezmado a la guerrilla  fue realmente lo importante para los colombianos y que por eso el desame, la firma de la paz y el traslado a zonas de concentración son desapercibidas para los colombianos.

En lo personal confío plenamente  en Las Farc. Nadie más que ellos entendió que la guerra no era el camino. Cuando digo que creo en la guerrilla es en los combatientes rasos, en los que se rompieron el lomo enfrentando al ejército y trabajando largas jornadas en la producción y cultivos ilícitos.

No creo en  Timochenko, Márquez, Granda, Santrich, París, Catatumbo ni en ningún otro de los líderes de las Farc. Tampoco en De La Calle, Santos Uribe, etc etc. No me generan confianza porque no veo que el proceso de paz tenga en realidad garantías para las víctimas.

Y es que víctimas no son solo los desplazados ni los civiles heridos. También lo son los guerrilleros reclutados desde niños, los abandonados por el estado y los militares heridos y abatidos.

Para mí hoy son héroes los militares que diezmaron a las Farc y los guerrilleros que confían en este gobierno y que entregan sus armas con la ilusión de reincorporarse a la sociedad y vivir en paz. Una paz que yo no veo posible mientras sigamos con la desigualdad  marcada de este país y la corrupción descarada de los mandatarios locales, regionales y nacionales.

 

Las opiniones en este artículo reflejan el pensamiento del columnista, y no el pensamiento del medio.

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