Opinión: El animal de la violencia de género

Columna de opinión: Christian Pérez. 

Las redes sociales se han convertido en un vehículo excepcional para la expresión ciudadana, para su manifestación alrededor de diferentes temas que interesan a la sociedad, y en un elemento transversalizador de varias generaciones que ven en este espacio un instrumento para la interacción con los demás. Dentro de esta dinámica, particularmente el Facebook se ha convertido en una especie de “picota pública”, para llevar a la “palestra” a cualquier individuo que maltrate a alguna mujer o la asesine, dentro de esta lamentable ola de violencia que se ha desatado contra ellas recientemente en Colombia.

Sin embargo, las redes sociales con todo y lo poderosas que pueden llegar a ser para las diferentes manifestaciones de protesta social, no son suficientes para efectos de proteger a la mujer de los vejámenes de la violencia. Es necesario que el compromiso contra la violencia de género vaya más allá de la indignación virtual de las redes sociales. Es necesario manifestar un serio compromiso de no maltratar a las mujeres más próximas, ni a las desconocidas, en su integridad física, espiritual, sexual, emocional, etc.

Con relación de esta situación, durante las últimas semanas se ha venido proyectando en el país y en la ciudad, una cinta cinematográfica colombiana, llamada “La Mujer del Animal”, del cineasta colombiano Víctor Gaviria, de reciente visita en Manizales para ofrecer su conocimiento alrededor de los secretos de la dirección cinematográfica, y para socializar su más reciente película.

Esta producción desde la mirada del espectador común y corriente, puede ser calificada como una cinta de contenidos fuertes, sin ningún tipo de filtro, que evidencia un dolorosísima realidad de la sociedad colombiana, relacionada con el maltrato hacia la mujer. En esta película, los protagonistas son Amparo Gómez, una joven inocente de tan solo 18 años, cuya picardía no le daba ni para pensar en conseguir novio, y Libardo Ramirez – el “Animal”,  hombre desalmado, desprovisto de todo sentido de respeto hacia el género femenino, que por la fuerza hizo su mujer a Amparo, violándola, golpeándola, ultrajándola, insultándola y maltratándola cuando le provocaba, por el solo hecho de considerarle en su obtusa concepción de la vida, un objeto que podía utilizar para su satisfacción sin ningún tipo de restricción.

Sin bien es cierto la mujer de hoy, por fortuna es mucho más independiente y criteriosa que la de antaño, y que episodios de violencia como los relatados en “La Mujer del Animal” no son tan frecuentes al menos desde esa perspectiva, como si los eran en generaciones anteriores; la violencia contra la mujer sigue siendo un cáncer social, que habla pésimamente de lo que somos como sociedad.

Hoy la violencia de género ha evolucionado a otros escenarios, no solo se práctica por sus perpetradores por medio de la tradicional violencia física o sexual, sino que ha evolucionado por medio de la cosificación de la mujer como objeto sexual, de complacencia de los deseos mas libidinosos de personajes sin escrúpulos, que no han comprendido que la inteligencia y la presencia de la mujer resulta fundamental en el desarrollo de los hogares y la sociedad en general. Uno de los exponentes de esta nueva generación de violencia de género es el señor Juan Luis Londoño Arias, más conocido como Maluma, quien a juicio del Gobernador de Antioquia paso de ser un exitoso expositor de la música urbana a distinguido “poeta”.

La Mujer del Animal logra despertar un profundo sentimiento de solidaridad hacia la mujer, al margen del la ira y la impotencia que produce verla, genera a su vez un compromiso de protección hacia nuestras madres, hijas,  hermanas, esposas, novias, familiares, amigas y simples desconocidas, que por el solo hecho de ser mujeres, merecen el respeto de toda la sociedad.

Y no es para menos que esta realidad violenta hacia el género femenino siga siendo preocupante, mas aun si se tiene en cuenta que andan sueltos por ahí muchos “Animales”, que representan verdaderas amenazas contra la integridad femenina, que a su vez protagonizan las siguientes cifras: los casos de feminicidio aumentaron en el 2016 en un 22% en el país; en lo relativo a la violencia intrafamiliar el aumento fue superior al 20%, mientras que el crecimiento de la violencia sexual fue del 7%, representados para el caso de la primera en 49.712 episodios violentos y  en el caso de la segunda en 14.021. El 41% de los casos de violencia sexual las víctimas fueron niñas entre los 10 y 14 años de edad.

La invitación desde luego es a que la movilización social tendiente a la protección de la mujer, pase de la sola indignación del Facebook, el Twitter o de las redes sociales y se traduzca en acciones concretas de protección al género femenino, como por ejemplo en la denuncia ante las autoridades de los diferentes casos de violencia que se puedan llegar a presentar.

*Esta columna representa el pensamiento del columnista, más no del medio.

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