Opinión

Malestar familiar

Por Octavio Cardona – Representante a la Cámara

Malestar familiar es el que vienen sintiendo muchas familias de este país que dependen de los programas que oferta una entidad que a través de la historia, ha sido bastante querida por los colombianos, pero que por estos días sufre de pésima administración y nula planeación en sus procesos.

Esa entidad que se ha ocupado de la protección de más de un millón de niños vulnerables entre 0 y 5 años cada calenda, además de un altísimo número de madres lactantes y gestantes y de la ocupación laboral de miles de madres y padres sustitutos, es la que desde hace varias décadas se conoce como el Instituto Colombiano de Bienestar Familiar, más conocido por sus siglas ICBF.

Según los manuales de procedimiento de la entidad, los niños deben ser atendidos durante 210 días al año, mediante un sistema ejecutado por operadores que les brindan alimentación, salud, cuidado y protección. Atenciones que usual y tradicionalmente empiezan el 01 de febrero de cada año.

Las entidades encargadas de la atención deben, o deberían, iniciar tareas en el segundo mes del año, para lo cual se necesita un proceso precontractual que, en el mejor de los casos, puede tardar varios meses, unos 3 para ser exactos. Pues bien, en el año 2024, los procesos licitatorios iniciaron de manera tardía, tanto es así, que solo se convocaron en SECOP el día 27 de diciembre de 2023, cuando usualmente empezaban por el mes de octubre de cada año.

Los viejos dicen que lo que empieza mal, termina mal. Nada más cierto que ese dicho para ser aplicado al proceso adelantado por el ICBF, pues una vez iniciada la convocatoria, se debían resolver inquietudes, aclaraciones, correcciones, y demás asuntos contractuales, los que desembocaron en un proceso que tuvo siete adendas que hicieron que el proceso se fuera extendiendo al punto que para el 01 de febrero, día en que debía iniciarse con la prestación del servicio, no se tenían operadores definidos y para cuando se definieron, no se tenían contratos suscritos, y para cuando se suscribieron, los operadores escogidos no tenían alistamiento definido, ni tenían niños seleccionados, y cuando los tuvieron, no tenían capital de trabajo.

Muchísimos procesos operativos empezaron el 20 de marzo, otros en abril, es decir que muchos niños y muchas madres gestantes se quedaron sin alimentación, sin cuidado y sin protección, por más de 40 días, lo cual resulta fatal en el autodenominado gobierno del cambio, pues tal como sucedió, el cambio si llegó, pero no para mejorar, llegó para dañar lo que funcionaba, o medio funcionaba, y llegó para que ya no funcionara o funcionara mal.

Es lamentable, que para la fecha del 11 de abril muchísimos operadores que llevaban más de 40 días prestando servicios no habían recibido los pagos por su trabajo, con lo cual no tenían como pagarles a sus trabajadores, y mucho menos a sus proveedores, asunto que nuevamente colocaba en riesgo a los niños.

Mientras en Bogotá desconocieron el principio de planeación, en las regiones la desnutrición y los riesgos de los niños aumentaron de manera injusta e innecesaria por cuenta de un cambio que no sirvió. La entidad encargada del bienestar hoy solo genera MALESTAR FAMILIAR.

BC Noticias

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