Opinión

Hechos y Rock

Por Diego Armando Cárdenas Rendón

Hay días en los que me cuesta escoger un tema para exponerlo en este espacio, como hoy. Primero pensé en hablar del rifirrafe entre la procuradora Margarita Cabello y Gustavo Petro por la suspensión del alcalde de Riohacha y quería remontarme hasta el conflicto entre la misma entidad de control y el presidente de turno cuando se desempeñaba como alcalde de la capital; pero descarté la idea sin razones claras. Luego quise analizar el panorama político frente a las elecciones de los presidentes de Cámara y Senado de la República; cargos clavos para las reformas que está planteando el gobierno nacional y que siempre se ven truncadas por la oposición y sus discursos polarizados. Cómo ya es costumbre hablar del fútbol femenino consideré mencionar el desempeño de “Las Chicas Súperpoderosas” en el mundial de Nueva Zelanda, pero el tiempo y los horarios no me han permitido ver al menos un partido para adquirir un poco criterio en el tema.

Entre tantas cosas que ocurren en el país finalmente decidí hablar de una de mis pasiones y cuales pueden ser sus aportes a la formación académica y cultural del ser humano, así que hoy voy a hablar de Rock.    

Este género musical se caracteriza por sonidos estridentes de guitarras eléctricas y golpes de batería; reconocido a nivel mundial, incluso en las regiones más inhóspitas. Me atrevería a decir que son pocos los países en los que no hay algún rocker caminando sus calles. En este sentido; el Rock es entonces un género que atraviesa fronteras territoriales y humanas, lo que nos lleva a definirlo como parte fundamental en el desarrollo musical de cada una de las culturas y subculturas existentes.

Nace de las mezclas del Blues, el Jazz y el Country a mediados de los años 50 y que ha ido evolucionando gracias a la experimentación de sus intérpretes sin dejar de lado su esencia y se constituyó como uno de los más influyentes desde mediados del s. XX hasta que el reggaetón nos invadiera.

Marcó la preparación académica de varias generaciones, pues su surgimiento en idioma anglo y su expansión le permitió llegar hasta las aulas de clase. Muchos de nosotros aprendimos algo de ingles mientras lo escuchábamos durante la educación básica y media. Nos acompañó en todos los momentos, desde las fiestas hasta las rupturas amorosas. Dedicamos canciones, las cantábamos a grito herido con una pésima pronunciación, pero con sentimientos reales, el romanticismo a flor de piel y creyéndonos bilingües.

Eran unas épocas maravillosas, hasta que reggaetón invadió la cultura popular con artistas que cantan de cualquier manera, maltratan los dos idiomas a su antojo y ni que decir del trato que les dan a las mujeres; ahora no solo las toman como objetos sexuales, las insultan con los peores adjetivos existentes y lo peor de todo es que se insultan ellas mismas de la manera más burda posible a favor del feminismo.

Es eso lo que escuchan nuestros adolescentes y jóvenes de hoy; un género urbano que, al contrario de educarlo y sumergirlos en el arte los conduce directamente hacia el abismo de la cosificación femenina. ¿Hasta donde vamos a llegar?

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