El Día Latinoamericano del Teatro se celebra en honor al Festival de Teatro de Manizales

Desde hace tres años, el 8 de octubre, se celebra el Día Latinoamericano del Teatro, conmemoración que nació en honor al Festival Internacional de Teatro de Manizales, reconocido como el más antiguo de Latinoamérica, y que este año cumple 51 años de existencia.

Cada año una persona reconocida en la escena del teatro latinoamericano dedica unas palabras y hace una proclama en reconocimiento de esta fecha. En el 2019 la voz la tiene la mexicana Lucero Millán, actriz, directora, promotora cultural y socióloga. Millán comparte las siguientes palabras con nosotros:

Nunca antes había experimentado con tanta fuerza el concepto del teatro como espacio de libertad como en estos últimos años. Era el mes de abril de 2018 en Nicaragua, las luces se oscurecían para dar inicio a la función ante la mirada atenta de un público que se debatía, al igual que nosotros en el escenario, entre el terror de lo que sucedía afuera y el deseo de escapar de esa misma realidad, uniéndonos en una solidaridad silenciosa, una solidaridad que respiraba por todos, por los presentes y los ausentes.

Por nuestra parte, actuábamos midiendo cada palabra que decíamos por el miedo que nos generaba la posibilidad de que una voz burda nos interrumpiera la función o de que una mala jugada se atravesara al regresar a nuestras casas. En la medida que medíamos fuerzas y no pasaba nada y pasaba todo, como suele suceder en el teatro, estábamos más presentes que nunca, en el ahí y el ahora, vivos, sosteniéndonos en la mirada de nuestros compañeros.

En éstos tiempos en que nada es lo que parece, en que ante un mismo hecho se construyen dos realidades paralelas, en donde en nombre del pueblo se mata al pueblo, me refugio en mi grupo, cómplices en un proyecto de vida y en el teatro, porque es el único que se encarga de explorar esa realidad escondida que me reconcilia con el ser humano, me genera empatía, emoción y me hace creer que la solidaridad y la esperanza son posibles, ya que como dice el maestro Peter Brook, cuando alguien siente, comprende.

Conozco el teatro desde abajo, desde el espacio vacío, desde la clase impartida bajo la sombra de un árbol de chilamate, desde la rabia de la injusticia y desde la alegría de la revolución. Ese teatro que se hace de la nada, a partir del placer que te genera subirte al escenario después de meses de ensayos, esos ensayos que te cuestionan y te dan sentido de pertenencia, para finalmente devolverte al público en tu máxima fragilidad. Esa maravillosa fragilidad que transforma la calidad del contacto con el público. Ese teatro que se aprende haciéndolo, que igual te convierte sin pudor en directora, actriz, escenógrafa, maquillista, gestora, taquillera o relacionista pública.

Con frecuencia me pregunto, ¿Qué tiene el teatro que no me deja dejarlo? ¿Por qué insistimos en hacerlo cuando todo atenta contra él? ¿Cómo seguir haciendo teatro en un contexto político adverso?

Quizás persisto, porque me gusta la persona que soy cuando hago teatro y porque no tengo otra manera de sentirme más viva y más plena, porque cuando está bien hecho el público es generoso y va hacia donde tú estás. Hace poco escuché a un joven decir en una entrevista “ser un preso político es ser un actor sin escenario” y entonces pensé que la gente de teatro tenemos la dicha de construir nuestros propios escenarios donde quiera que lo hagamos. Las voces y los personajes viajan con nosotros, logrando hacer de nuestro espacio un espacio de resistencia.

No estoy sola, construyo comunidad cuando le devuelvo a la gente una imagen, un sonido, una palabra, que es suya y mía, porque viene de regreso vulnerable, con interrogantes, en su nueva forma, construyendo una nueva realidad poetizada, subjetiva, hermosa en su desnudez.

En estos tiempos en que el poder se ejerce por la fuerza de las armas, el dinero, la publicidad, el control de las instituciones, en que se gobierna solo para una parte de la población, el teatro le gana la batalla porque en cada función renace y se reinventa, porque tenemos el poder de trascendernos, conmover y la magia de convertir en visible aquello que por lo general es invisible.

Reseña de Lucero Millán

Esta mexicana fundó en 1979 el Teatro Justo Rufino Garay de Nicaragua. Fue creadora, junto a su grupo, de la primera sala de teatro independiente de Nicaragua. Formadora de varias generaciones de actores en el país en mención. Ha viajado por más de 25 países con su grupo, obteniendo varios reconocimientos y ha escrito Ay amor ya no me quieras tanto, La ciudad vacía y Francisca, y la investigación Teatro, política y creación, una aproximación al Teatro Justo Rufino Garay.

Día Latinoamericano del Teatro
En el 2016 el Centro Latinoamericano de Creación en Investigación Teatral (Celcit) declaró el 8 de octubre como el Día Latinoamericano del Teatro, decisión a la que también se unen otras organizaciones artísticas, públicas y privadas, relacionadas con el teatro de todo el mundo. Este año se realiza la tercera conmemoración de esta fecha.

La primera conmemoración de este día se hizo en el 2017, cuando la declaratoria estuvo a cargo del dramaturgo colombiano Fabio Rubiano, reconocido actor colombiano, que fundó, junto a Marcela Valencia, el Teatro Petra. Cuenta con una larga trayectoria como actor de teatro, cine y televisión.

En el 2018 esta responsabilidad la tuvo el argentino Aristides Vargas, que estudió teatro en la Universidad de Cuyo. Ha dirigido importantes grupos y compañías latinoamericanas como la Compañía Nacional de Teatro de Costa Rica, el grupo Justo Rufino Garay de Nicaragua y el grupo Taller del Sótano de México. En palabras de la proclama de este actor y director «Es bueno tener un día dedicado al teatro de América Latina, fundamentalmente porque es un arte amenazado, aunque no en extinción».

bcnoticias23

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